Cierto, he abandonado harrrto este blog. Y sería deshonesto prometer entradas más constantes de ahora en delante. Aunque ya tengo Internet en casa, ni así me he dado mucha oportunidad de bloggear. Y en la oficina menos; casi ni estoy en ella al estar buena parte del día deambulando por las calles de la ciudad.
Así es. Ya tengo 27 años. Edad a la que murieron grandes como Janis Joplin, James Dean, Amy Winehouse. Vivieron rápido, murieron jóvenes y se volvieron cadáveres hermosos.
Este año debe ser decisivo. No sé cómo, pero debe.
Saludos.
lunes, 28 de mayo de 2012
miércoles, 5 de octubre de 2011
La chispa que refresca
Hola de nuevo amiguitos. Disculpen ustedes los azotes anteriores; de repente me entran bajones de ánimo medio severos, pero todo está dentro de la normalidad ahora.
Volviendo a las vacuidades cotidianas: ¿cuántos de ustedes consumen Coca-Cola? Si no regularmente, creo que la mayoría de nosotros al menos de vez en vez solemos beber una (o dos, o tres, o la botellona de 3 litros por sentada, según). Incluso los hay quienes tienen que tratar su adicción, so pena de que ésta repercuta sobre sus riñones.
Esto viene a cuento por una reflexión que hacía con mi mamá hace unos días. Al menos, todavía cuando yo era niño, solamente había TRES presentaciones para la Coca-Cola: la "regular" de 355 ml, la "chica" de 235 ml y la "familiar" ¡de UN litro! Las tres eran vendidas en envase retornable de vidrio, y se esperaba que con un litro de refresco, una familia de unas tres o cuatro personas bebieran un vaso de 1/4 de litro, aproximadamente. Bueno, también estaba la presentación en lata, que era la única desechable, pero ésas siempre han sido del mismo tamaño para consumo individual.
Se consideraban únicamente estos tamaños, creo yo, porque todavía entonces se veían a las bebidas gasificadas como una golosina, y como tal, el consumo se restringía a "un probete, no un llenete".
Sin embargo, durante los 90s se fue trazando el camino para que este bebedizo se convirtiera con más fuerza en un producto de la canasta básica.
Para cuando yo tenía unos 8 ó 9 años, empezó a comercializarse la Coca de 1/2 litro. Seguía siendo una presentación individual, pero para gente de garganta más ancha y aventurera. Poco después, desplazando a la Coca-Cola de litro en botella de vidrio, apareció el primer formato familiar en botella retornable DE PLÁSTICO: la Coca-Cola de 1.5 litros. Junto con ella, también aparecieron el resto de bebidas de Coca-Cola Company en sus respectivos envases familiares.
Allí no paró la cosa: aunque ya hacía un tiempo que en tiendas de conveniencia uno podía comprar refrescos en botellas gordas y achaparradas de 2 litros de plástico desechable, el paso obvio era vender ese volumen de refresco en presentación retornable. Y poco después, la inapagable sed azucarada de las familias mexicanas vio recompensados sus deseos al ver en aparadores chiiii... cas botellonas de 2.5 litros de su refresco "favoro" (como diría mi hermana).
También comenzó a ganarse cada vez más campo en el terreno de los desechables. Comenzando por el tamaño de 1/2 litro, para cuando yo estaba terminando la preparatoria ahora podían encontrarse refrescos de 600 ml. Y nuevamente de a litro, y después de 2 litros, hasta encontrarnos con el tambo ese de 2.5 litros que puede hallar usted en su Oxxo más cercano, medida fantástica para nuestros padres y abuelos.
Digo fantástica, porque cuenta mi papá que cuando era niño no podía comprar mas que una Coca de 235 ml, y que para que le rindiera más, solamente le hacía un agujerito a la corcholata con un clavo, para así tomársela de forma más dosificada. Me imagino que fácilmente esa tarea podía llevarle una media hora... (bueno, tomemos en cuenta que el venerable caballero tiene ya 60 años cumplidos, entonces su "infancia" se remonta a tiempos precámbricos XD)
Y nuevamente, las tiendas de conveniencia entran al quite para nuestras reuniones y convivios, al ofrecernos 3 litros 3 de refresco en envase desechable. Esto, supongo, se dio ante los tamaños enooormes y baratéeeesimos que empezó a ofrecer la Big Cola (empresa peruana) a mediados de la década pasada. Los cocacoleros no podía quedarse con los brazos cruzados.
Por su parte, todos sabemos que la Pepsi (la eterna competencia directa) nunca ha tenido tanto impacto en México. Aún así, en los 90s era el refresco con onda, al ofrecer promociones mucho más padrísimas que la Coca (como las cotizadísimas Pepsi-Cards), ser anunciada por los cantantes pop y deportistas del momento (Michael Jackson, Michael Jordan, las Spice Girls, Shakira, Britney Spears, Alejandro Fernández, Rafael Márquez) y siempre manejar un concepto más juvenil, bastante distinto al aseñorado y familiar que la Coca-Cola hacía sentir en sus publicidades. Pero poco a poco, además de tener que adaptar sus presentaciones a las que su rival comercializaba, la Pepsi fue chafeando su concepto de venta, al punto de ahora depender de anunciarse como más barata que "la otra" por unos pesos.
Al ver este asombroso aumento en el volumen de refresco que mi generación se ha metido entre pecho y espalda conforme fui creciendo, ¿qué sigue?
Seguro han visto esas botellas grandototas de Bonafont que antes eran de 4 litros y ahora son de 6, ¿verdad? Puedo casi apostar que ese será el siguiente paso de la industria refresquera; industria que, en México, consume aproximadamente el 70% de la producción nacional de azúcar de caña O_o.
Posteriormente, de seguro nos la venderán en garrafones de 20 litros, igual que el agua Ciel, Electropura o Santorini (siendo estas marcas propiedad la primera de Coca-Cola, y las otras de Pepsico).
¿Y después? Si es que seguimos vivos como especie y sigue habiendo agua sobre este planeta, al rato se simplificará la cosa: la bebida de cola nos llegará a nuestras casas entubada directamente, limitándonos sólo a pagar el recibo mensual por nuestro consumo. Pago que creo podremos hacer también en línea, para fomentar el sedentarismo, jejejeje.
¿Un traguito?
Saludos.
Volviendo a las vacuidades cotidianas: ¿cuántos de ustedes consumen Coca-Cola? Si no regularmente, creo que la mayoría de nosotros al menos de vez en vez solemos beber una (o dos, o tres, o la botellona de 3 litros por sentada, según). Incluso los hay quienes tienen que tratar su adicción, so pena de que ésta repercuta sobre sus riñones.
Esto viene a cuento por una reflexión que hacía con mi mamá hace unos días. Al menos, todavía cuando yo era niño, solamente había TRES presentaciones para la Coca-Cola: la "regular" de 355 ml, la "chica" de 235 ml y la "familiar" ¡de UN litro! Las tres eran vendidas en envase retornable de vidrio, y se esperaba que con un litro de refresco, una familia de unas tres o cuatro personas bebieran un vaso de 1/4 de litro, aproximadamente. Bueno, también estaba la presentación en lata, que era la única desechable, pero ésas siempre han sido del mismo tamaño para consumo individual.
Se consideraban únicamente estos tamaños, creo yo, porque todavía entonces se veían a las bebidas gasificadas como una golosina, y como tal, el consumo se restringía a "un probete, no un llenete".
Sin embargo, durante los 90s se fue trazando el camino para que este bebedizo se convirtiera con más fuerza en un producto de la canasta básica.
Para cuando yo tenía unos 8 ó 9 años, empezó a comercializarse la Coca de 1/2 litro. Seguía siendo una presentación individual, pero para gente de garganta más ancha y aventurera. Poco después, desplazando a la Coca-Cola de litro en botella de vidrio, apareció el primer formato familiar en botella retornable DE PLÁSTICO: la Coca-Cola de 1.5 litros. Junto con ella, también aparecieron el resto de bebidas de Coca-Cola Company en sus respectivos envases familiares.
Obvio, entre más Coca-Cola se tome, aumenta el consumo de azúcar per capita (¿sabía usted, caro lector, que un vaso de 1/4 de litro este refresco contiene el equivalente a 7 cucharadas de azúcar? OMG)
Allí no paró la cosa: aunque ya hacía un tiempo que en tiendas de conveniencia uno podía comprar refrescos en botellas gordas y achaparradas de 2 litros de plástico desechable, el paso obvio era vender ese volumen de refresco en presentación retornable. Y poco después, la inapagable sed azucarada de las familias mexicanas vio recompensados sus deseos al ver en aparadores chiiii... cas botellonas de 2.5 litros de su refresco "favoro" (como diría mi hermana).
También comenzó a ganarse cada vez más campo en el terreno de los desechables. Comenzando por el tamaño de 1/2 litro, para cuando yo estaba terminando la preparatoria ahora podían encontrarse refrescos de 600 ml. Y nuevamente de a litro, y después de 2 litros, hasta encontrarnos con el tambo ese de 2.5 litros que puede hallar usted en su Oxxo más cercano, medida fantástica para nuestros padres y abuelos.
Digo fantástica, porque cuenta mi papá que cuando era niño no podía comprar mas que una Coca de 235 ml, y que para que le rindiera más, solamente le hacía un agujerito a la corcholata con un clavo, para así tomársela de forma más dosificada. Me imagino que fácilmente esa tarea podía llevarle una media hora... (bueno, tomemos en cuenta que el venerable caballero tiene ya 60 años cumplidos, entonces su "infancia" se remonta a tiempos precámbricos XD)
Y nuevamente, las tiendas de conveniencia entran al quite para nuestras reuniones y convivios, al ofrecernos 3 litros 3 de refresco en envase desechable. Esto, supongo, se dio ante los tamaños enooormes y baratéeeesimos que empezó a ofrecer la Big Cola (empresa peruana) a mediados de la década pasada. Los cocacoleros no podía quedarse con los brazos cruzados.
Por su parte, todos sabemos que la Pepsi (la eterna competencia directa) nunca ha tenido tanto impacto en México. Aún así, en los 90s era el refresco con onda, al ofrecer promociones mucho más padrísimas que la Coca (como las cotizadísimas Pepsi-Cards), ser anunciada por los cantantes pop y deportistas del momento (Michael Jackson, Michael Jordan, las Spice Girls, Shakira, Britney Spears, Alejandro Fernández, Rafael Márquez) y siempre manejar un concepto más juvenil, bastante distinto al aseñorado y familiar que la Coca-Cola hacía sentir en sus publicidades. Pero poco a poco, además de tener que adaptar sus presentaciones a las que su rival comercializaba, la Pepsi fue chafeando su concepto de venta, al punto de ahora depender de anunciarse como más barata que "la otra" por unos pesos.
Al ver este asombroso aumento en el volumen de refresco que mi generación se ha metido entre pecho y espalda conforme fui creciendo, ¿qué sigue?
Seguro han visto esas botellas grandototas de Bonafont que antes eran de 4 litros y ahora son de 6, ¿verdad? Puedo casi apostar que ese será el siguiente paso de la industria refresquera; industria que, en México, consume aproximadamente el 70% de la producción nacional de azúcar de caña O_o.
Posteriormente, de seguro nos la venderán en garrafones de 20 litros, igual que el agua Ciel, Electropura o Santorini (siendo estas marcas propiedad la primera de Coca-Cola, y las otras de Pepsico).
¿Y después? Si es que seguimos vivos como especie y sigue habiendo agua sobre este planeta, al rato se simplificará la cosa: la bebida de cola nos llegará a nuestras casas entubada directamente, limitándonos sólo a pagar el recibo mensual por nuestro consumo. Pago que creo podremos hacer también en línea, para fomentar el sedentarismo, jejejeje.
¿Un traguito?
Saludos.
lunes, 19 de septiembre de 2011
- ¿No notaste raro a Danielov el otro día?
- Emmm, no, creo que no. Ya sabes, decía las mismas estupideces usuales, pero ps ya ves que todo se arregla ignorándolo. Ya después no supe.
- Ah bueno, menos mal.
*******************
Bueno, el lado positivo del asunto es que si llegara a morir esta noche, o mañana o así, el gasto de galletas y café en mi velorio sería mínimo, si no es que nulo. :D (Nota: si el chiste no chambeó, ese gasto sería ínfimo porque casi nadie iría. Duh).
Creo que mi mejor opción sería donar mi cuerpo a la ciencia. Así, al menos habré tenido alguna utilidad.
Bah.
- Emmm, no, creo que no. Ya sabes, decía las mismas estupideces usuales, pero ps ya ves que todo se arregla ignorándolo. Ya después no supe.
- Ah bueno, menos mal.
*******************
Bueno, el lado positivo del asunto es que si llegara a morir esta noche, o mañana o así, el gasto de galletas y café en mi velorio sería mínimo, si no es que nulo. :D (Nota: si el chiste no chambeó, ese gasto sería ínfimo porque casi nadie iría. Duh).
Creo que mi mejor opción sería donar mi cuerpo a la ciencia. Así, al menos habré tenido alguna utilidad.
Bah.
martes, 30 de agosto de 2011
Ningún mal escapará a mi vista
Puesto que no veo que muchos de los bloggers que sigo lo hagan (fuera del Hijo del Pop), yo me dedicaré a reseñar la nueva película de Green Lantern.
Un preámbulo. Como muchos de mis contemporáneos frikis, yo me inicié en la lectura más o menos regular de cómics con las sagas que marcaron la primera mitad de los 90s: La Muerte de Superman y La Caída del Murciélago (Knightfall). De los hechos planteados en la secuela de la primera, Reign of Supermen, se desprendió un acontecimiento decisivo para el destino del mejor héroe de la Liga de la Justicia después de Batman y Superman, Green Lantern: la destrucción de Coast City, la ciudad a la que protegía.
Así se inicia la tercera gran caída dentro del Universo DC: Emerald Twilight (Crepúsculo Esmeralda). Dolido por la pérdida, Jordan intenta reconstruir su ciudad con el poder de su anillo, siendo penalizado por los Guardianes del Universo. Enloquecido, inicia su furiosa carrera hacia Oa para absorber el poder de la Batería Central, y de pasada, despacharse al resto de Green Lanterns que se le pusieran al brinco.
Así fue que comenzó a llamarme la atención un héroe que siempre fue la antítesis de mi otro favorito, Batman. Mientras el murciélago trabajaba con la oscuridad y el temor, el Green Lantern Hal Jordan creía en la luz y el valor. Fue siempre un hombre sin miedo que, al haber experimentado de niño su único temor (la muerte de su padre, el piloto Martin Jordan), ya no tenía nada a qué temerle.
Y así, 17 años después de la publicación de esta saga que leí en un puesto de revistas (Hey, tenía 9 años, no poseía tantísimo dinero para comprar todos las historieras que quisiera) fue que pude ver una película de acción viva protagonizada por el gladiador esmeralda.
Como decía, en otros blogs no he visto muchas reseñas sobre este filme, y la mayoría de los comentarios al respecto en las redes sociales han sido desfavorables. A grandes rasgos, a mí no me pareció una película TAN mala; solamente el ritmo que lleva es algo extraño, pues aunque dura las dos horas casi completas, sientes que todo pasa muy rápido para ser la introducción del héroe. También me pareció que se utilizó a un villano demasiado poderoso para ser la primera película, además de derrotarlo con relativa facilidad. Fuera de eso, a mí sí me gusto. Claro, no se puede esperar demasiado de mis gustos, si hasta me gustó la de Transformers 3 (bueno, también el final de ésa es un asco).
En cuando a la historia, pues es esencialmente la misma de la continuidad del cómic: el Green Lantern Abin Sur sufre un accidente en su nave espacial al entrar a la atmósfera terrestre. Moribundo, convoca con su batería de poder y su anillo a un humano digno de portarlos, siendo el elegido el piloto de pruebas Hal Jordan. Al recibir esta comisión y la inherente responsabilidad de manejar tal poder, se envuelve en la guerra interplanetaria contra el miedo encarnado, la entidad Parallax, quien ha infectado a otro humano, Héctor Hammond, concediéndole poderes mentales sin parangón (jojojo, quería usar esa frase). Un choque directo entre la fuerza de voluntad pura y el poder del miedo.
Otra cosa que no me gustó es que, aunque el personaje se llama así y es piloto y toda la cosa, la personalidad del protagonista no es la del Hal Jordan que conocíamos. Éste no es sino un Kyle Rayner de petatiux, el Green Lantern que quedó de repuesto luego que Jordan acabara con toda la corporación en Emerald Twilight. Es decir, nos hacen sentir que escogieron a Hal por no haber de otra, aunque este camarada sea pero bieeeen nenita y coyón. Le tiene miedo hasta a la ex-novia, háganme el favor. Así, hacen que sea difícil que pueda vencer cualquier temor para poder utilizar un anillo de poder.
Además, no puedo dejar de ver a Ryan Reynolds e imaginármelo todo gordo y chistoso, tal como apareció en Just Friends (Sólo Amigos). En serio, nada más sonríe y tiene cara de chiste. Tan chistoso como lo fue haciendo de Deadpool en X-Men Origins: Wolverine (hasta que literalmente le cerraron el hocico). Siendo la Corporación una especie de policía intergaláctica, no creerías que alguien con tan cómica presencia inspiraría algo de respeto en su sector asignado. Por ello, cuando apareció la película animada Green Lantern: First Flight, la elección de Chistopher Meloni (Law & Order: SVU) para hacer la voz de Hal Jordan no pudo haberme parecido más acertada.
Con todo, yo sí la volvería a ver. El haber creado trajes totalmente digitales fue una muy buena acción en cuando a diseño de producción, puesto que cualquier traje real se vería ridículo, pensando en que los uniformes están hechos de un plasma energético solidificado. Igual y como dijo un colega, el resto de los Green Lanterns a veces parecen villanos chafas en botarga tipo Power Rangers, pero el mundo de Oa, las construcciones mentales con los anillos y demás están muy bien logrados. Eso no se habría logrado de forma tan convincente de hacerse hecho en los tiempos en que yo leía las historietas en el puesto de revistas para no tener que comprarlas.
Saludos. Nos vemos a la otra.
Un preámbulo. Como muchos de mis contemporáneos frikis, yo me inicié en la lectura más o menos regular de cómics con las sagas que marcaron la primera mitad de los 90s: La Muerte de Superman y La Caída del Murciélago (Knightfall). De los hechos planteados en la secuela de la primera, Reign of Supermen, se desprendió un acontecimiento decisivo para el destino del mejor héroe de la Liga de la Justicia después de Batman y Superman, Green Lantern: la destrucción de Coast City, la ciudad a la que protegía.
Así se inicia la tercera gran caída dentro del Universo DC: Emerald Twilight (Crepúsculo Esmeralda). Dolido por la pérdida, Jordan intenta reconstruir su ciudad con el poder de su anillo, siendo penalizado por los Guardianes del Universo. Enloquecido, inicia su furiosa carrera hacia Oa para absorber el poder de la Batería Central, y de pasada, despacharse al resto de Green Lanterns que se le pusieran al brinco.
Así fue que comenzó a llamarme la atención un héroe que siempre fue la antítesis de mi otro favorito, Batman. Mientras el murciélago trabajaba con la oscuridad y el temor, el Green Lantern Hal Jordan creía en la luz y el valor. Fue siempre un hombre sin miedo que, al haber experimentado de niño su único temor (la muerte de su padre, el piloto Martin Jordan), ya no tenía nada a qué temerle.
Y así, 17 años después de la publicación de esta saga que leí en un puesto de revistas (Hey, tenía 9 años, no poseía tantísimo dinero para comprar todos las historieras que quisiera) fue que pude ver una película de acción viva protagonizada por el gladiador esmeralda.
Como decía, en otros blogs no he visto muchas reseñas sobre este filme, y la mayoría de los comentarios al respecto en las redes sociales han sido desfavorables. A grandes rasgos, a mí no me pareció una película TAN mala; solamente el ritmo que lleva es algo extraño, pues aunque dura las dos horas casi completas, sientes que todo pasa muy rápido para ser la introducción del héroe. También me pareció que se utilizó a un villano demasiado poderoso para ser la primera película, además de derrotarlo con relativa facilidad. Fuera de eso, a mí sí me gusto. Claro, no se puede esperar demasiado de mis gustos, si hasta me gustó la de Transformers 3 (bueno, también el final de ésa es un asco).
En cuando a la historia, pues es esencialmente la misma de la continuidad del cómic: el Green Lantern Abin Sur sufre un accidente en su nave espacial al entrar a la atmósfera terrestre. Moribundo, convoca con su batería de poder y su anillo a un humano digno de portarlos, siendo el elegido el piloto de pruebas Hal Jordan. Al recibir esta comisión y la inherente responsabilidad de manejar tal poder, se envuelve en la guerra interplanetaria contra el miedo encarnado, la entidad Parallax, quien ha infectado a otro humano, Héctor Hammond, concediéndole poderes mentales sin parangón (jojojo, quería usar esa frase). Un choque directo entre la fuerza de voluntad pura y el poder del miedo.
Otra cosa que no me gustó es que, aunque el personaje se llama así y es piloto y toda la cosa, la personalidad del protagonista no es la del Hal Jordan que conocíamos. Éste no es sino un Kyle Rayner de petatiux, el Green Lantern que quedó de repuesto luego que Jordan acabara con toda la corporación en Emerald Twilight. Es decir, nos hacen sentir que escogieron a Hal por no haber de otra, aunque este camarada sea pero bieeeen nenita y coyón. Le tiene miedo hasta a la ex-novia, háganme el favor. Así, hacen que sea difícil que pueda vencer cualquier temor para poder utilizar un anillo de poder.
Además, no puedo dejar de ver a Ryan Reynolds e imaginármelo todo gordo y chistoso, tal como apareció en Just Friends (Sólo Amigos). En serio, nada más sonríe y tiene cara de chiste. Tan chistoso como lo fue haciendo de Deadpool en X-Men Origins: Wolverine (hasta que literalmente le cerraron el hocico). Siendo la Corporación una especie de policía intergaláctica, no creerías que alguien con tan cómica presencia inspiraría algo de respeto en su sector asignado. Por ello, cuando apareció la película animada Green Lantern: First Flight, la elección de Chistopher Meloni (Law & Order: SVU) para hacer la voz de Hal Jordan no pudo haberme parecido más acertada.
Con todo, yo sí la volvería a ver. El haber creado trajes totalmente digitales fue una muy buena acción en cuando a diseño de producción, puesto que cualquier traje real se vería ridículo, pensando en que los uniformes están hechos de un plasma energético solidificado. Igual y como dijo un colega, el resto de los Green Lanterns a veces parecen villanos chafas en botarga tipo Power Rangers, pero el mundo de Oa, las construcciones mentales con los anillos y demás están muy bien logrados. Eso no se habría logrado de forma tan convincente de hacerse hecho en los tiempos en que yo leía las historietas en el puesto de revistas para no tener que comprarlas.
Saludos. Nos vemos a la otra.
miércoles, 20 de julio de 2011
Nobody cares what we old people have to say
Ya sabrán ustedes que ya pasé de mis 25 a los 26 años. Aunque no soy precisamente lo que se dice "viejo", ya crucé la delicada línea que divide al sector "juvenil" con el de "adulto contemporáneo" (en términos mercadológicos, claro).
También sabrán que el declive biológico de la raza humana comienza en promedio después de los 25 años. De hecho, la mayoría de los esquemas anatómicos de figura humana que encuentren en libros de biología corresponden a gente de alrededor de los 25. De ahí en adelante, salvo unos pocos años de homeostasis (si son gente sana y fuerte), todo va pa' abajo.
También, puedo considerarme como parte de la generación "Neostálgica" (de la cual Ego habló muy abiertamente hace tiempo). Es decir, desde hace unos años me volví parte de los jóvenes que prematuramente se pusieron a añorar mejores tiempos, así como los productos culturales de su infancia. Esto era algo que antes sólo hacían los viejitos.
Aunado a ello, puedo decir que tengo una memoria prodigiosa para conocimiento useless. Fechas, lugares, horas: muchos de estos registros quedan grabados en mi mente, aunque a nadie más le importen.
Cuándo fue aquel "Jueves Negro" en Hidrotermópolis, con lo que comenzó el periodo de violencia del que mi estado no ha podido salir: yo lo recuerdo. Hora, fecha y lugar donde me encontraba cuando fui bateado por primera vez en mi vida: lo recuerdo. Momento exacto en que me quemé la mano derecha cuando tenía 14 años: lo recuerdo. Hora, lugar y película que fui a ver cuando conocí a mi ahora esposa: lo recuerdo. Fechas de nacimiento de personas que de todos modos ni me fuman: las recuerdo (aunque no me interese festejarles nada, muajajajaja). Todo eso lo recuerdo, aunque no pueda recordar qué cené justo anoche.
Claro está, todos estos registros mentales solamente parecen importarme a mí. Por ello, cuando en una conversación se toca un tema del cual yo tengo recuerdos que vienen al caso, a nadie le interesan. Los menciono, onda como "Aaaah sí; recuerdo que en 1998 ese tema se tocó en una convención anual en la que salió Perenganito Jiménez escenificando a un personaje blablablabla...", y aunque mis interlocutores hayan estado en ese mismo lugar y conozcan a Perenganito Jiménez, me ignoran olímpicamente.
Si acaso, me podrán alegar: "Bah, ya estás como don Arnoldo de Una Familia de 10, triste viejito mitómano. ¿No se te antojan unos tamales? Jajajajaja". O eso, o me interrumpen para cambiar de tema, antes que me extienda más en mi demencia senil. Ahora entiendo a Abraham Simpson.
Incluso, por eso mismo he buscado eliminar sistemáticamente de mi memoria muchos de tales recuerdos por lo mismo; a nadie le importan, además que no son conocimiento imprescindible para mi supervivencia. Procuro olvidar las pistas mentales que me ayudaban a rememorar muchas cosas. Sirve que dejo más espacio en disco duro para datos verdaderamente útiles.
Así pues, a partir de ahora procuraré no comenzar a chochear al platicar en público acerca de mis recuerdos de la infancia (sigue habiendo quienes no creen que recuerde detalles de cuando estaba en el kínder). Por eso, solamente respaldaré algunas de mis memorias más destacables en esta bitácora, donde a nadie más le importan, de todos modos.
Hasta pronto.
También sabrán que el declive biológico de la raza humana comienza en promedio después de los 25 años. De hecho, la mayoría de los esquemas anatómicos de figura humana que encuentren en libros de biología corresponden a gente de alrededor de los 25. De ahí en adelante, salvo unos pocos años de homeostasis (si son gente sana y fuerte), todo va pa' abajo.
También, puedo considerarme como parte de la generación "Neostálgica" (de la cual Ego habló muy abiertamente hace tiempo). Es decir, desde hace unos años me volví parte de los jóvenes que prematuramente se pusieron a añorar mejores tiempos, así como los productos culturales de su infancia. Esto era algo que antes sólo hacían los viejitos.
Aunado a ello, puedo decir que tengo una memoria prodigiosa para conocimiento useless. Fechas, lugares, horas: muchos de estos registros quedan grabados en mi mente, aunque a nadie más le importen.
Cuándo fue aquel "Jueves Negro" en Hidrotermópolis, con lo que comenzó el periodo de violencia del que mi estado no ha podido salir: yo lo recuerdo. Hora, fecha y lugar donde me encontraba cuando fui bateado por primera vez en mi vida: lo recuerdo. Momento exacto en que me quemé la mano derecha cuando tenía 14 años: lo recuerdo. Hora, lugar y película que fui a ver cuando conocí a mi ahora esposa: lo recuerdo. Fechas de nacimiento de personas que de todos modos ni me fuman: las recuerdo (aunque no me interese festejarles nada, muajajajaja). Todo eso lo recuerdo, aunque no pueda recordar qué cené justo anoche.
Claro está, todos estos registros mentales solamente parecen importarme a mí. Por ello, cuando en una conversación se toca un tema del cual yo tengo recuerdos que vienen al caso, a nadie le interesan. Los menciono, onda como "Aaaah sí; recuerdo que en 1998 ese tema se tocó en una convención anual en la que salió Perenganito Jiménez escenificando a un personaje blablablabla...", y aunque mis interlocutores hayan estado en ese mismo lugar y conozcan a Perenganito Jiménez, me ignoran olímpicamente.
Si acaso, me podrán alegar: "Bah, ya estás como don Arnoldo de Una Familia de 10, triste viejito mitómano. ¿No se te antojan unos tamales? Jajajajaja". O eso, o me interrumpen para cambiar de tema, antes que me extienda más en mi demencia senil. Ahora entiendo a Abraham Simpson.
Incluso, por eso mismo he buscado eliminar sistemáticamente de mi memoria muchos de tales recuerdos por lo mismo; a nadie le importan, además que no son conocimiento imprescindible para mi supervivencia. Procuro olvidar las pistas mentales que me ayudaban a rememorar muchas cosas. Sirve que dejo más espacio en disco duro para datos verdaderamente útiles.
Así pues, a partir de ahora procuraré no comenzar a chochear al platicar en público acerca de mis recuerdos de la infancia (sigue habiendo quienes no creen que recuerde detalles de cuando estaba en el kínder). Por eso, solamente respaldaré algunas de mis memorias más destacables en esta bitácora, donde a nadie más le importan, de todos modos.
Hasta pronto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


