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¿Caballeros? ¡Los del Zodiaco, que!

Ayer me encontraba esperando tranquilamente mi camión de regreso a casa. Había muchas personas esperándolo también, pues acababa de diluviar y ya todos querían regresar a casa cuanto antes. Llegó el autobús, unas ocho o diez personas comienzaron a agolparse alrededor de su puerta, y un par de "rancholos" gorrudos con barba de leproso se pone hasta mero enfrente y comienzan a vocear a la multitud:

- Las damas primero, las damas primero, dejen pasar a las damas antes: pásele señorita, ande, pasele, usté también señito, pásele, déjen pasar a las señoras, primero las damas...

Ya que permitieron que todo ser vivo con dos cromosomas X pasara primero, se dispusieron a subirse ellos (el burro por delante, claro está), y estando yo detrás de ellos, todavía volteó uno y me dijo:

- ¿Verdá que deben pasar primero las damas? Hay que ser caballerosos, ¡verdá?

A lo que nomás le dije: - Séeeh, sí, está muy bien, pero apúrese ya a treparse, ándele.

Lo que me molestó en estos tipejos no fue su "buena intención" de permitir que las féminas abordaran primero el vehículo. De ningún modo estoy en contra de la caballerosidad a la Vieja Escuela. Incluso el Falso Lanchero está de acuerdo en ello. Ya ni me acuerdo quien fue el que dijo que ser caballeroso no significa presumir de una buena educación, sino hacer que las otras personas se sintieran a gusto en nuestra compañía. Bueno. algo así era.

Eso fue lo que me molestó. El afán de estos sujetos de hacer notar a los demás que sí tenían buenos modales. "Vean, vean cómo sí dejamos que las mujeres pasen primero y ustedes no-o, groseros. Queremos hacernos notar por ser políticamente correctos; ¿ya nos vieron?" Hombre, si quieren ser caballerosos, solamente basta con cederle el paso a las damas; no es necesario convertir el asunto en un espectáculo con luces y sonido para llamar la atención a-la-de-a-fuerzas.

El asunto me recordó a Cantinflas. En vida, el llamado "mimo de México" (que nunca supe por qué le decían así, si era más reconocido por su enredada elocuencia que por hacer mímica) gustaba de realizar actos de caridad acompañados de trompetas, fanfarrias y reporteros. Toda persona sobre el territorio nacional debía saber que Cantinflas himself había donado tanto dinero/propiedades/bienes/recursos para tal o cual causa noble.

Por su parte, Jorge Negrete (quien mantenía una ríspida relación con el comediante) también gustaba de realizar donativos para entidades y asociaciones civiles; pero a diferencia de Mario Moreno, lo hacía de manera discreta y poco ostentosa. Muchas de esas acciones de asistencia no fueron conocidas sino hasta mucho después de su muerte. Incluso como secretario general de la ANDA (Asociación Nacional de Actores), más de una ocasión dio dinero de su propia bolsa para compañeros caídos en la desgracia. Vamos, no dejaba que 'la mano izquierda supiera lo que hacía la derecha'.

Y volviendo a los monigotes ostentosos estos, luego fue evidente que muy-muy educados, no eran. Ya instalados en el camión, se pusieron a platicar mostrando síntomas de ese mal que aqueja a todo México: terminar cada enunciado con güey. Detrás de ellos estaba una señora con su hijo de cerca de tres años. Escuchando a tales pelafustanes, poco tardó el niño para platicar con su progenitora con "güeyes" salpicados a lo largo de su perorata. La madre, por supuesto, buscaba la mejor manera de corregir el vocabulario de su retoño mediante explicarle (torpemente, hay que decirlo) lo que wey quería decir en inglés (o más bien way). Y aún así los Hermanos Pata Rajada no cesaban en su empeño de evidenciar su pobreza de léxico. Bravo.

Por eso, más que vociferar por que las personas hagan lo que les decimos y no lo que hacemos, lo más sensato y congruente es hacer lo que el antiguo juez judío Gedeón: permitir que la gente aprenda al observarnos.

Por hoy es todo. Nos vemos.