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"Lic, para confirmarle que sí es la dirección que aparece en la cédula."

Joi joi joi, cómo me da risa que se dirijan a mí como "licenciado". Y eso que era una de mis pretenciones para cuando me graduara de mi licenciatura -sigh-.

Y es que en nuestro país, desde aquellas remotas edades en que en los pueblos nada más existía un solo licenciado -en derecho, se entiende- que atendía todas las querellas legales y un único doctor al que todos rendían pleitesía, títulos como "doctor", ingeniero", "licenciado", "arquitecto" y "maestro" se convirtieron casi casi en nombres propios.

Claro está, ser diseñador gráfico (monero malhecho con pretensiones, según unos; rotulista venido a más, según otros) no implica el mismo glamour que conlleva ser abogado litigante. Por ello, no conozco a ningún diseñador al que se le trate por estos terminajos fetichistas.

Por eso, cuando alguien hace acopio de todo su protocolo del Manual de Carreño para anteponer ese sustantivo a mi nombre, hasta chistoso me parece. Tal como el cliente que me mandó el correo conteniendo el texto que ahora uso como título de post. Mejor para mí que no me conozca en vivo (el trato siempre ha sido a través de e-mail; yo envío muestras del trabajo y él autoriza de vuelta): de lo contrario, al ver a un mozalbete imberbe de pantalón de mezclilla, tenis Escord y camisa arremangada sin fajar, perdería el (poco) respeto que me tiene a ciegas.

Y ya, me voy. Tengo que armar puños de cajitas porta-paletas, porque los muchachos del taller se pusieron en huelga, negándose a hacer trabajo tan servil (¿Eh? Momento...). Y pensar que para eso me quemé las pestañas por cuatro años y medio...

Díjeles.

Veintiúnico comentario.

  1. Recuco says:

    jajaja, lo mismo me pasa a mi, pero...

    pero se siente chido q lo llamen licenciado, la primera vez que me lo dijeron, fue un taxista muy platicador, y se sintio rebonito, jeje