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10 Sinceridades

Haciendo la tarea que me encargó esta escuincla (la blogstar más joven que conozco; a cuatro meses de iniciar su blog, ya tiene más followers de los que yo tuve en año y medio de la primera encarnación de este blog), a continuación enlisto al fregadazo diez cuestiones acerca de mí mismo (¿y ése quién es?).

  1. Acerca de un comentario de la entrada anterior: no tengo ni bicicleta. Mi fiel corcel rojo Turbo de 18 velocidades, compañero inseparable de mil batallas, me fue robado en febrero o marzo en casa de mi novia.
    Ahora tengo que andar corre y corre o tomar camión para enfilar destinos que mi brava "birula" me ayudaba a conquistar avante.
  2. Cuando estaba en 2o de secundaria, ya para acabar la clase de Educación Física, yo pasaba junto a unos camaradas que se habían abalanzado para hacerle "bolita" a otro compañero (ni me acuerdo quién). Al tope de la masa de gente estaba la niña que me gustaba entonces. En una de esas, otro compañero pasa detrás de mí, me empuja y empiezo a caer sobre ella. Mi cara apuntaba directamente hacia su trasero.
    ¿Qué hacer? Si nada más me dejaba caer, iba a dar con toda mi jeta derecho contra sus nalgas. Si metía las manos era la misma. Finalmente me decanté por la segunda opción. Vergüenza y caras rojas de los dos, risas y cotorreo en general. Snif.
  3. A los 16 años me corrieron de la prepa. Casi no iba, y cuando iba, me la pasaba en las canchas de fútbol. Obviamente, a la hora de los exámenes finales, si no tronaba por no saber qué onda con la materia en turno, tronaba por haber perdido derecho a examen con tanta falta.
    De siete materias de ese tercer semestre, reprobé cuatro. Claro, las tres que pasé las pasé con 10, si no soy tan mediocre (creo que eran Computación, Sueldos y Salarios y Relaciones Públicas).
    Ya luego terminé mi bachillerato en sistema abierto al mismo tiempo que mis compañeros de generación, así que no perdí años a la hora de querer entrar a la universidad.
  4. Cuando era niño, me gustaba comer hormigas. Apachurraba unas cinco o seis con un dedo y luego me lo llevaba a la boca. Ahora no lo intentaría ni aunque mi vida dependiera de ello.
    O tal vez sí.
  5. Cursando 4o de primaria, a un amigo y a mí nos gustaba una niña de 3o; se llamaba Dulce, creo. Como estábamos todavía en edad de ser parte del Club de Tobi, nos la pasábamos molestándonos uno al otro con niñerías como "a tí te gusta, iiiiii", "no es cierto, te gusta a tí, grrr".
    Una ocasión, estando formados para entrar a nuestros salones (con La Marcha de Zacatecas como fondo), llegó este morro, se me cuelgó del hombro y me dijo sardónicamente: "Mira, allí está Dulce, iiiiii". Ni tardo ni perezoso, giré sobre mi eje, levanté la rodilla y la impacté estrepitosamente contra sus testículos, auch. Lo dejé allí tirado a medio patio.
    Claro está, luego nos llevaron a los dos a la dirección y llamaron a nuestras mamás. Aún así, siguió siendo de mis mejores amigos de la primaria.
  6. El viernes 5 de marzo de 1999, alrededor de las 5:30 P.M. (lo recuerdo perfectamente ¬¬), unos compañeros y yo preparábamos un experimento de física para la Semana de la Ciencia que se iba a celebrar en nuestra secundaria. No recuerdo cuál era nuestro proyecto, pero involucraba un mechero de alcohol casero hecho con un frasco de Gerber.
    La mecha, en lugar de ser de algodón, era de polyester. Al empezar a derretirse, taponó la entrada de aire del frasco y, mientras yo lo sostenía, explotó en llamas. Mi mano se convirtió en una masa de llagas y ampollas que, gracias a mi factor curativo acelerado, sanó adecuadamente, sin dejar mayores secuelas.
  7. Uno de mis grandes compañeros desde la secundaria (kind of childhood friend), a quien sigo frecuentando y que estuvimos juntos en la carrera, ha sido Gustavo Faz (a.k.a. Maestro Efectivo).
    Todo ello, a pesar de la carrilla descarada que le tiraba cuando teníamos entre 14 y 15 años porque era un Nintendomaníaco (según el decir del resto de nuestros compañeros). Esos sí son cuates y no pedazos. Incluso él fue testigo presencial de la catástrofe descrita en el punto anterior.
  8. Uno de los motivos por los que me decidí a estudiar Diseño Gráfico fue el ver la película What Women Want (Lo que Ellas Quieren), con Mel Gibson. La trama se desarrolla en una agencia de publicidad, así que viendo ese contexto y lo que se hacía, yo quería hacer algo similar por el lado visual. Juar juar juar, pobre iluso.
    Irónicamente, ahora soy enemigo acérrimo del trabajo de diseño que se hace en tales agencias, sobre todo por el lado de operatividad técnica. Es decir, los diseñadores (o mercadólogos-todólogos metidos a diseñador) que trabajan allí pueden hacer cosas muuuy padres y propositivas, pero por lo general es un cuetote a la hora de quererle dar salida a prensa, porque sus archivos no vienen listos para eso. Hacen batallar a los de preprensa más de lo debido. Malditos ¬¬...
  9. Teniendo 10 años, me encantaba "torear" los carros en la avenida que está cerca de mi casa (Av. las Américas). Casi diario, en la tarde-noche, me estaba como media hora toreando cuanto vehículo pasaba... hasta que una vez toreé el de mi papá.
    ¡Agua, mi niño, santa regañada que me puso! Ya con eso se me quitó la maña, como años antes pasó cuando descubrieron que me gustaba rondar por las azoteas y brincar entre ellas, haciendo de Batman (inspirado en la serie animada noventera).
  10. En mi temprana y tardía adolescencia fui fan de hueso colorado de Sherlyn (Elisa antes del Fin del Mundo, La Segunda Noche, Clase 406). Incluso moví cielo-mar-y-tierra para hacerme de los contactos y conocerla en persona; hasta me volví secretario de su Club de Fans Oficial a nivel nacional (juar juar juar, qué patético).
    Estuve en contacto con ella por teléfono cerca de medio año. Ya luego fui al Distrito Federal a conocerla junto con otro cuate, quedándonos en casa de un fan de allá. La conocimos, convivimos, y yo creo que nos vio tan fregados que hasta para el taxi de regreso nos dio, jajaja. Seguí hablándole por teléfono otro buen rato, hasta que sus ocupaciones y mis estudios hicieron que nos fuéramos distanciando.
    Y ya, se me pasó mi furor juvenil y me asenté definitivamente en el mundo de los vivos. No me considero fan de nada desde entonces (bueno, tal vez de John Travolta...).
He dicho. Quien quiera seguirle con esta onda, él (o ella) sabrá. Yo ya cumplí por ahora. De rato.

Veintiúnico comentario.

  1. Maestro Efectivo says:

    Mi honorable camarada, aún me sorprende la fortaleza que tuviste para manejar ese accidente. Sin caer en pánico (a diferencia de los que estábamos ahí) . Esos si son webos.

    Muy agradecido por el punto dedicado.