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El Fotógrafo Chambón Contraataca/ Ahora que me casé

Para muchos, era una delicia disfrutar de las periódicas entregas de los desatinos del fotógrafo chambón que viene a mi chamba para imprimir.

Medio año después de los últimos desaguisados de este sujeto que fueron publicados, podemos deleitarnos con unos cuantos más. Parece que él también se dio un tiempo libre, probablemente para dedicarse de tiempo completo a rehabilitarse de su adicción al alcohol (es en serio, el cuate es miembro activo de AA). Mientras tanto, he aquí algo de lo que recientemente ha traído.

Bueno, si en algo ha mejorado, es que por fin aprendió a escribir "profeSional"

N'ombre, si casi ni se nota el fotomontaje pitero... ni que la iluminación del fondo no tiene NADA que ver con la de la plasta rosa que está al frente...

Arriba a la derecha: momento Kodak de las de "¿me da pa' un taco?"

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Ahora que soy doñito casado y toda la cosa, hay cosas a las que me he tenido que acostumbrar o cambios radicales que he tenido que experimentar. Me explico.

Uno de las cosas que podrían parecer más simples, pero que a la vez me han implicado un desafío, es el tener que ir al baño. Cuando era soltero vivía en un cuarto de azotea donde solo estábamos yo y mi alma. Entonces, cuando deseaba ir a soltar una nutria, iba sin mayores miramientos, no importándome dejar la puerta abierta.

Ahora es diferente. Las primeras veces que fui a hacer de las mías (porque nadie más hará eso por mí mas que yo) en el hogar nupcial, una vez más dejé abierta la puerta del baño sin contar con que mi señora andaba deambulando por la sala. Aunque a estas alturas es obvio que ya me ha visto en canicas, de todas formas grande fue su sorpresa al verme sentado de perfil en pleno trance de fabricación de un caca-drilo.

Por otra parte, aunque en el mismo orden de ideas, la leyenda urbana aquella (perpetuada por las series gringas de TV) del asunto de dejar arriba o abajo la tapa del excusado es un mito sin justificación. O al menos, mi santa mujercita no me ha reclamado hasta la fecha por dejar arriba la tapa. Ella es lo suficientemente sagaz para fijarse si está arriba o abajo y actuar en consecuencia. Por eso me casé con ella, ¿qué no?

Otro detalle surge con los espacios comunes. Suponía que yo tenía muchisisisísima ropa, sobre todo por toda aquella que aún me hereda mi hermano (de lo cual no me quejo). Aún así, quedé verdaderamente impresionado al ver las titánicas pilas de ropajes que llevaba y llevaba y llevaba y sigue llevando mi esposa a casa. Yo dudaba que tal magnitud de calzado y vestuario cupiera en mi clóset (el cual me traje con todo y todo de mi anterior morada), puesto que apenas y cabían mis propias garras y algo de herramienta. Aunque ya hemos visto que sí cabrá todo, es hora que no acabamos de guardar tantos ajuares. Y los que falten...

Por su parte, en un afán diseñístico-esteticista-sangrón, nunca fui muy afecto a la decoración con carpetitas, cuadros, espejos, adornitos, centros de mesa y tal. En general, soy amigo de los espacios vacíos que den una sensación de mayor amplitud, creando atmósferas más distendidas. Sin embargo, como buena mujer representante de su género, Catherine se ha estado dedicando a llenar cada hueco del hogar con adornitos, sean recién adquiridos o regalados por familia-amigos-conocidos. Me siento rodeado ahora. ¬¬

Claro está, más que incomodidades, todos estos no son sino detalles a los que ambos nos tendremos que ir acostumbrando. Porque ella también se ha tenido que habituar a mi afición por ver todo Batimaterial disponible en DVD; a mi extraño rito matutino de dejar que el despertador suene casi una hora antes de levantarme; a mi curioso hábito de sonarme los mocos en la regadera; a mi constante mención de cualquier saga de cómics (Marvel o DC) o escrito cientificcioso a la primera provocación; mas un largo etcétera.

Nada sino un delicioso reto para un porvenir juntos. Díjeles.

2 Comentarios hasta ahora.

  1. Imagino el trauma psicológico al que se enfrentará Catherine de ahora en adelante. Mire que verlo en semejante postura... debe ser horroroso.¬¬

    Y tenga cuidado, no vaya a ser que cuando quiera sacar alguna de sus pocas prendas del clóset, vaya a sobrevenirle una abalancha de ropajes y calzado de catherine, sería un final muy triste

  2. Khristi says:

    Yo no sé de dónde ha salido ese rumor de que las mujeres se ponen histéricas porque el hombre no baja el asiento del baño... digo, lo importante es que "Sí" lo levanten a la hora de la hora, para no dejar todo salpicado.
    Si yo me doy cuenta que el asiento está mojado... ruedan cabezas.