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Cómo corretear la chuleta: dando clases de Prepa Abierta

Nota: como referencia previa, puede consultar los capítulos anteriores de esta serie, publicados en blog ajeno, y que están acá y acá.

Desde que dejé de trabajar en el cibercafé hasta mi siguiente trabajo, pasó casi un año. Mientras tanto, seguí acreditando mis materias en la prepa, puesto que mi racha de vagancia dejó secuelas en mi formación escolar. Además, estuve yendo a clases de natación en una alberca pública; tener 17 años y no saber nadar me era algo humillante. Y claro, sustentando mi ñoñez, complementé mi aprendizaje de campo en el agua con conocimiento teórico acerca de técnicas de nado en la biblioteca pública en la que solía encerrarme saliendo de la escuela (¿así o más totopo?).

Así pues, por fin terminé la preparatoria. No me importó unirme a la alegría de mis compañeros en su graduación. Aún así, en esa semana de cierre de cursos, aprovechando que mi mamá se fue a cuidar a una tía enferma y mi papá llegaba ya muy tarde de trabajar fuera de la ciudad, me escapaba con los camaradas en el siempre fiel Atos negro de mi jefa hacia ignotos destinos... los cuales no pasaban de la salida a Calvillo o de fraccionamiento Boulevares para comer tacos. Pffft, qué malotes éramos.

Con todo, la rehabilitación mental (e intelectual) producto de encerrón tras encerrón en la biblioteca rindió sus frutos: mi promedio, ya nivelado a la hora de hacer solicitud en la universidad, quedó en 9.1, además de que mis resultados del EXANI fueron más que aceptables al haber quedado en primer lugar de mi subsistema de procedencia. De tal suerte, podía escoger la carrera que se me viniera en gana, no importando si era de alta demanda o no. Bah, yo desde la secundaria sabía que quería estudiar Diseño Gráfico; ya nomás era cosa de escoger si entraba al grupo que iniciaba en agosto o me esperaba hasta enero del siguiente año.

Preferí esperarme a enero. El grupo de agosto tenía clases en la tarde, y a mí NUNCA me ha gustado tener clases en la tarde. Me parece que se desperdicia mucho tiempo por la mañana y que no se aventaja nada en la noche al llegar a casa. Por lo tanto, tenía un semestre libre por delante.

Por mis mismos resultados en el examen del Ceneval, pronto fui requerido en el subsistema de Prepa Abierta para dar asesoría en una escuelucha privada que se dedicaba a eso, además de formar estilistas chambonas pa' que supieran hacer algo y mantener a sus zánganos maridos golpeadores... bueno, pero por allí no iba la cosa.

Desde un principio me fue bien. Con nueve años de entrenamiento como orador, ya tenía nociones de lo que NO debía hacer como profesor si deseaba  mantener la atención de los individuos que iban a asesoría. Y digo "iban "por no decir "estudiaban". Muchos de ellos (sobre todo los hombres) ya eran refugiados overloaded; es decir, habían pasado por chorros de prepas y en ninguna la habían hecho. Así entonces, en muchos casos era evidente que iban nomás para que en su casa no los pusieran ya a trabajar.

Con las muchachas (hasta eso que casi no me tocó gente de más de 25 años) la cosa era distinta. No tenía broncas en hacerme entender por ellas. Quiero pensar que sí era un buen pedagogo, aunque tal vez me entendían por ser desde entonces una mujer lesbiana atrapada en el cuerpo de un hombre, jejeje.

El índice de reprobación en Prepa Abierta, al menos en el estado de Aguascalientes, es bastante alto. Por lo menos en mis tiempos, de todos los alumnos que presentaban un examen por quincena EN EL ESTADO, solamente lo pasaban del 15% al 30%. Y hasta eso que mis grupos no salieron tan peores; de grupos de 10 ó 15 simios en patines, reprobaban examen 3 ó 4 personas.

En un principio nada más me dieron 3 horas de clase los sábados, pagándomelas a $30 devaluados. Cuando salía de la escuela, los $90 resultantes (sin ninguna otra prestación que los respaldara) iban a dar casi íntegros al quiosco de revistas. ¿Adivinen en qué eran empleados? Un vistazo a los capítulos anteriores de esta serie les dará la respuesta.

No me preocupaba mucho lo que ganaba; de cualquier forma, como sí reanudaría mis estudios en enero, en la casa no me cortaron el flujo de efectivo para mis gastos menores. De hecho, a veces le salía poniendo al asunto, pues de repente sacaba resúmenes de la materia para mis queridos muchachos, costeando yo las fotocopias pa' que tuvieran de dónde estudiar.

Conforme pasaron los meses me fueron dando más horas de clase qué dar. De a poco, el flujo de dinero ya no era tan despreciable, aunque seguían sin darme ni seguro ni nada más que mi paga por hora. Ahora tenía más para Pingüinos Marinela, o tortas cubanas de los desaparecidos jugos Acapulco. Chales, cómo extraño ese lugar.

Además de ello, también se dio (solo un poco) el cliché de la alumna seduceprofesores. Bueno, había dos por el estilo que hasta amigas eran, pero una era más descarada al empezar a ir a clase con minifalda... ¡en pleno invierno! Se sentaba pegadita a mi escritorio; de repente se desabotonaba mucho la blusa; cuando me quedaba en el salón en los recesos, de repente regresaba con Submarinos Marinela "para que no te malpases" (sí, hasta de "tú" ya me hablaba la muy libidinosa). Y pos... fea no estaba la muchachona... tuve que hacer mucho acopio de valor pa' resistirme a sus encantos, aunque en ratitos ya nomás tragaba gordo. Incluso, creo recordar que una o dos ocasiones también me llegó a pagar la cuenta en los jugos Acapulco. Demonios, ¿por qué ya nadie hace lo mismo ahora, que luego ando con los dineros más limitados?

Como siempre, no faltaban los negritos en el arroz. Allí, más que la directora (señora que no pasó de estudiar el 4o de primaria), quien llevaba las riendas del negocio era la secretaria más ceñuda y malencarada que en mi vida he visto. Hasta eso que a mí no me trataba TAN mal, pero sí era groserita, aparte que gustaba de pagarme con puras morrallitas. Luego metieron a una contadora que según quería que todo se desarrollara dentro de la legalidad, así que según nos iban a liquidar a todos, para luego recontratarnos ya con seguro y prestaciones y muchas cosas lindas. Ajá. Los que se quedaron trabajando allí siguieron esperando. De todos modos, en menos del año le piñó una lana a la directora y se fue pitando de allí, supongo que a Aruba o a las islas Marshall.

Con todo, mi trabajo me gustaba mucho. Sentía que de veras podía ayudar a moldear positivamente las mentes de mis alumnos; llevarlos por el camino del conocimiento. Ideas quijotescas, pero qué se le va a hacer. Yo tenía entonces 18 años y todavía creía que el marxismo era la solución, jajaja.

¿Entonces por qué dejé de trabajar allí? Tenía apenas una semana de haber entrado a la carrera. Me permitieron que diera clases solamente los sábados en la mañana, entonces todo estaba en orden para seguir con mi vocación docente. PERO ahora resultaba que iba a haber una reforma educativa; se iban a actualizar todos los textos (los libros de inglés tenían lecturas que hablaban de la próxima visita del cometa Halley... en 1986), se iba a capacitar a los asesores... pero esa capacitación sería en días y horas en que yo estaría en clases en la universidad.

Obviamente, no iba a sacrificar el más (mi educación) por el menos (un trabajo de medio tiempo). Les di las gracias, y sin siquiera apurarme por finiquito alguno, dejé de ir. Tan-tán.

Aaah, y como quiera, la mentada "reforma educativa ", nunca se dio. Siguen usando los mismos libros de cuando Plutón todavía era planeta. Allá ellos, de lo que se perdieron.

De cualquier forma, esa experiencia dejó mella en mí, deseando poder dar clases en el futuro. En parte me fue posible, pues cada que había algún asesor de vacaciones o con permiso médico, me llamaban para cubrirlo.

Hasta la fecha no se me ha hecho regresar al mundo de los reglazos y borradorazos. Cuando terminé la carrera hice la lucha en tres prepas, sin buenos resultados. Pero algún día...

4 Comentarios hasta ahora.

  1. Khristi says:

    ¿Biblioteca? ¿Qué es una biblioteca? jajajajaja

    No, ya en serio, yo no sabía que hasta de "profe" andabas... yo no lo haría ni por el mejor salario del momento. Me da pánico escénico... bien por ti.

  2. ¿Marxismo? ¿Está usté loco? ¡No hay nada como las ideas fascistas... creo que ya lo habíamos convenido!!¬¬

    Yo también quisiera ser maestro. Bueno ya lo somos en cierto modo, pero como que necesitamos unos alumnos un poco más receptivos, o ya de menos que estén obligados a escucharnos... los muy desgraciados (chiste local).

  3. Ego says:

    "Sentía que de veras podía ayudar a moldear positivamente las mentes de mis alumnos; llevarlos por el camino del conocimiento. Ideas quijotescas, pero qué se le va a hacer."

    La historia de mi vida :(

  4. Danielov says:

    En vista del éxito obtenido, las respuestas... ¬¬

    Khristi: Claro que lo sabías. Fui de visita a Versalles por esos tiempos y te platiqué. Puede que no lo recuerdes por... no sé, tal vez te caía gordo en esos días.

    Enemigo Público: Que no; que el marxismo, saaabe...
    No, pero lo genial es que no te quieran escuchar pero estén OBLIGADOS a hacerlo. Priceless.

    Ego: Maestro, qué puedo decir. Mi sapiencia y experiencia es mucho menor a la tuya; aún así, hice mi luchita.

    Saludos a todos. De no ver comentarios distintos en lo que siga, me veré obligado a spamear hacia todos los puntos cardinales de la blogósfera hasta hartar a Blogger mismo. Beware.