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Lisiado... otra vez. Duh!

Pues sí. Ahi'stá que me lesioné la espalda la tarde del lunes. Nomás que resulta que es la segunda vez que me pasa. ¿Así o más menso?

Han de saber ustedes que en el local donde trabajo cada vez cae menos chamba. Por otro lado, los locales que unos socios del negocio han abierto por otros lados han resultado un éxito boyante. Por lo tanto, me voy quedando cada vez más solo mientras se llevan equipo, material y gente a las otras instalaciones.

¿Recuerdan la filmadora de las que les platicaba la otra vez, esa que les decía que era donde filmábamos los negativos para impresión? Ah, pues también me la quitaron. Esa y la reveladora. Así que en el cuarto oscuro me quedó más espacio para dormir, aunque ahora tenga menos tiempo para hacerlo.

Pero les contaba, porque luego me ando por las ramas: se llevaron la filmadora, y para llevársela me pidieron, junto con los camaradas del taller, que ayudáramos a sacarla y a treparla a la camioneta para moverla al otro negocio. Tengamos en cuenta que es una máquina que pesa un rediantral, considerando su volumen (1X1.20X0.80 m), rellena de tarjetas, piececitas, piecezotas, fierro y tal.

Al sacarla del local, como éste tiene un topecito en la entrada, tuvimos que darle un envión al armatoste para brincarlo. Ahí fue mi acabose: al casi terminar de aterrizar el aparato, dando algunos un traspié, traté de detener la caída de ese traspié al estar yo detrás. Lo conseguí, pero a costa de jalar el peso de la Lino con mi espalda y cintura y no con las rodillas. ¡Dolor! ¡Sofocamiento! ¡Jorobez!

Ah, pero ahí seguí de valiente, cargando el cachivache a la camioneta, yendo a dejarlo a la nueva dirección e instalándolo. Obvio, pa' cuando llegué a la casa lo hice en las más lamentables condiciones. Creo que mi abuelito de 88 años y ciego desde hace ocho camina más erguido que yo en ese rato.

 "Ah muchacho tarugo; tan chamaco y tan atarantado..."

Ni pude dormir bien en toda la noche. En la mañana del martes llamé a la chamba para reportarme inválido y para ver qué procedía con los trámites del IMSS, pero, ¿qué creen? Que negrero como es, el patrón me dijo: "No no no, mejor te vienes en un taxi que yo acá te lo pago, te llevamos con el doctor de cabecera de acá y que él te recete, nosotros te pagamos las medicinas".

Esta decisión se tomó porque, como les decía, hasta mis recursos humanos se llevan a los otros locales. El otro veintiúnico diseñador sería transferido pa'llá, así que debía estar yo presente para coordinarnos acerca de cómo me iba a dejar su chamba. Y sí, así le tuvimos que hacer, qué caray.

El doctor al que me llevaron es el doctor de cabecera del patrón. Es un doctor por el que, a primera vista, nadie daría un peso: gordo aguado, feo como una blasfemia, hasta con un tufillo chistosón. Aunque la fachada de su consultorio está decente, el consultorio en sí no es tal; es un cuarto con el 60% de su volumen ocupado por bolsas y bolsas y bolsas y bolsas y bolsas y bolsas de plástico rellenas de cajas de medicinas de todos colores, sabores, tamaños y formas. El resto del volumen de la habitación es para un par de sillas y un garrafón de agua. Pero hasta eso que es bueno el doctor. Rápido supo qué tenía y, detectando inmediatamente el bulto correspondiente, sacó una cajita con las pastillas indicadas para el caso: antiinflamatorio y relajante muscular.

Resulta que se me desvió un disco de la columna, pero sin herniarlo. Así que todo es cuestión de desinflamar el asunto pa' que el disco regrese a su lugar, según esto. Nada de alcohol para que no se me cruce con la medicación, nada de zangolotearme demasiado, nada de... este... bueno... "actividad conyugal", al menos por lo que queda de la semana.

El resto del día de ayer, pues, tuve que seguir en la oficina con mi dolencia. Para eso de las 5 PM ya sentía cierta mejoría, ya no batallando en la noche para dormir decentemente. Hoy la cosa va así, así. Nomás que no me dejan reposar lo que quisiera, porque como ya dijo adiós el otro colega, ahora me quedé yo solo en la oficina, atendiendo despistados.

Así las cosas, ahorita estoy con molestias de espalda, solo con mi soledad y con tinnitus como efecto secundario del medicamento. Supongo que no pasará mucho tiempo para que empiece a perder la razón y vea gente que no existe. Supongo.

He dicho.

3 Comentarios hasta ahora.

  1. Triste, lamentable. Pero, y luego? Desapareciendo tan rápidamente el personal, el equipo y el quehacer, lo terminarán empleando en matar cucarachas en la abandonada oficina? o cómo?

    Bueno, mejor así, tendrá más tiempo pa entretenerme por msn.¬¬

    ATTE: El primo Genito

  2. Pero, debes tener cuidado porque esas lesiones resultan más graves con el tiempo, ojalá no sea tu caso.


    Cuídate mucho.


    Bye.

  3. Khristi says:

    Ándale, si de por sí ya no te sientes tan jovenzuelo... nomás no te vayas a deprimir...