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Mis Nokia y yo

Yo ya entré tarde a esas cosas de la telefonía celular. Recuerdo que fue hace unos diez años, cuando entré a la prepa, que cada vez más compañeros de clase empezaban a llevar sus móviles a la escuela, lo que me parecía cosa harto curiosa. ¿Qué asuntos tan importantes tendrían que atender unos chamaquitos de 15 años como para andar con teléfono a todos lados en vez de esperarse a llegar a su casa para hacer una llamada?

Por supuesto, estoy hablando de aquellos idos tiempos en que apenas se sustituía la señal análoga por la digital en los celulares. Ni esperanzas de conocer (al menos aquí en México) la tecnología GPS de chip, y todavía quedaba un largo camino para el 3G. Entonces lo que usaban mis compañeros eran ladrillos de este pelo:

Nokia 5120. Guijarro de comunicación digital. Principios  de siglo XXI.

Pero cuando empecé yo a usar uno de estos artefactos fue muuucho después. Ya estaba en la universidad y, como para varios proyectos tenía que estarme coordinando con compañeros sin teléfono fijo o que trabajaban en la tarde, ándale que se me ocurre asaltar mis ahorros, desfalcarme como con $700 y comprarme este bichito:
Nokia 1100. Piojo con foquito arriba pa' alumbrar tu camino. c. 2004.

Estaba rebueno el aparato. Para lo que lo quería, enviar mensajes y hacer llamadas, me era suficiente. La linternita adicional alumbraba bastante bien. Nomás traía el juego de Snake, pero de todas formas no tenía tanto chance de estarlo jugando como para que me apurara.

Tristemente, el gusto me duró solamente unos 2 ó 3 meses, pues en una de esas que se me ocurrió ir al baño de la universidad a hacer de las mías, se me salió de los holgadísimos pantalones grises Ecko que traía. No me di cuenta hasta que fue demasiado tarde; ya que volví al baño a buscar, mi chilularcito no estaba. Y dudo que se haya ido por la taza, pues de inmediato habría sentido el chacualeo del agua al caer éste. Se debió quedar a un lado de la taza, esperando a que el primer malandro que llegara se adueñara de él.

Unos meses después, con parte lo que había juntado para comprar una cámara reflex digital que de todos modos el proveedor no tenía ya en existencia, me hice del siguiente teléfono:
Nokia 3100. Diseño afeminado, pero resistidor. c. principios 2005.

Ps ya había ventaja con este telefonito en el aspecto de que al menos tenía colorcitos y podía enviar/ recibir mensajes multimedia (pa que me mandaran tonos polifónicos y fotitos), aparte que traía un juego de carros bastante locochón. Lo único malo es que la recepción era algo pobre comparada con el estándar de los Nokia, por lo que si entraba a un cuarto con mucha varilla en su estructura, de plano ya no entraban las llamadas.

Como podrán adivinar, también perdí este teléfono; ahora a los 10 meses de haberlo comprado. En una clase libre (de nuevo en la universidad) me quedé dormido en una jardinera, tumbado cuan largo era. E igual que con el móvil anterior, se me salió de la bolsa de los pants que vestía; desperté, fui a la cafetería a comerme unos chilaquiles y, al notar que ya no traía teléfono, regresé al césped inicial. Nuevamente, no lo encontré. Cero y van dos.

Después de eso, dejé pasar poco más de un año hasta animarme a comprar otro celular. Ya mi jefa me regañaba por andar tirando teléfonos como si deveras le costaran a ella, así que postergué la decisión por un buen rato. No fue sino hasta que anduve detrás de una chavita que hacía que me papalotearan las vísceras que, por fin, me compré este otro chilular en el Oxxo cerca de casa de mis papás:
Nokia 6060. Acabados dizque metálicos y foquito rojo que emulaba al visor de Cyclops. Finales 2006.

La resolución de imagen y la calidad de sonido de este Nokia ya mejoraban al previo, nomás que los ingratos de Telcel no me daban permiso de activarle la navegación Web a pesar de que el aparatito tenía la función incluida. No tenía infrarrojo ni Bluetooth, así que seguía dependiendo de los MMS para intercambiar contenidos.

El amor se fue, pero resulta que este dispositivo no. O al menos no se fue a la mala como los teléfonos anteriores y aquella chica, jejejeje. A éste lo tuve por unos cinco meses hasta que lo cambié con mi hermano por otro minibrick mejor dotado:

Nokia 6230. Gruesote y macizo, jamás igualado. Mayo, 2007.

La resolución en pantalla de este armatoste de casi medio kilo era similar a la del 3100, pero tenía compatibilidad Bluetooth, infrarrojo, así como cámara VGA (por fin; vamos mejorando). Además, tenía memoria expandible... pero de un estándar ya descontinuado, el MMC, ya en tiempos en que el SD/ Micro SD dominaban el mercado. Nunca pude expandirlo a más de 512 MB.

Contaba además con radio, grabadora de voz, reproductor MP3, y algo más que ahorita se me escapa. Pero la felicidad no es eterna, pues la fatalidad vino a hacer de las suyas nuevamente, ahora un año despues. Yendo a la escuela en taxi (¿no se siente una sensación de Deja Vu?), se me volvió a salir de los pantalones (por eso es que ya no uso, tssss), dejándolo en el asiento del coche. Cuando me di cuenta, ya ni como recuperarlo; el chofer había arrancado con mi teléfono en su unidad, y mis datos, contactos, esperanzas y sueños junto con él. Igual que en los casos anteriores, cuando marqué al número, ya habían apagado el teléfono. Y luego por qué he perdido la fe en la humanidad...

Terminé la carrera, empecé a buscar chamba, encontré, entré al mundo laboral, y con ello vino una nueva oportunidad para reconectarme al Mundo Contemporáneo. En un día de venta Especial en mi centro Telcel más cercano, el día de la byrjenzita de Gwadalwpe, me compré este amiguito:
Nokia 2630. Delgado, funcional, incondicional. Diciembre, 2008.

Con Bluetooth, pitera cámara VGA, radio, no mucha memoria ni chance de expandirla, aún así ha sido el teléfono que más he disfrutado. Supongo que esto ha sido porque éste me ha durado más que los demás; casi dos años y tan campante.

¿Que si quiero algo mejorcito, como un SmartPhone? ¿Para qué? Si estoy casi diez horas con mi trasero pegado a una silla frente a un monitor, lo último que desearía sería seguir conectado a Internet lejos de la oficina. Las redes sociales que se suelen seguir en esos aparatillos no son lo mío. Igual que con mi primer teléfono, el 1100, al teléfono le doy el uso básico: llamar, mandar mensajes... y de repente, documentar alguna estupidez con una foto rápida, que de todos modos no requiere una gran resolución. Para mejores fotos tengo mi cámara digital de 9 megapíxeles, gracias.

También habrán notado que todos mis teléfonos han sido Nokia. La tecnología finlandesa es la onda; puedes azotarlos contra el piso diariamente y tardarán un rato en romperse o echarse a perder. Hay que ser muuuy talachón para darles en la torre a estos celulares. Además, el tiempo de carga de la batería suele ser incomparable; días y días de uso contra las horas que llega a durar la carga en otras marcas. Yo con eso vivo contento.

No lo olviden. Si no compran un Nokia, mejor ni compren nada. Las polveras jotitas que vende Steve Jobs, fuera de hacer palomitas y conquistar el mundo, no aguantan mas que unas cuantas sacudidas. Luego, a la basura... y a comprar el modelo más reciente. Pffft.

Y ya. Les dije.

8 Comentarios hasta ahora.

  1. Khristi says:

    Y yo que creía que había tenido muchos celulares a lo largo de mi vida... tú me dices "quítate que ai te voy" ¡Qué memoria!
    No ps mi tel no es nokia... 'perate ¡Sí es! Aunque la verdad no tiene muy buena señal, chaaaalessss.

  2. Ah, con razón yo lo he visto últimamente vestido con faldas y cargando un bolso en el que únicamente guarda su celular... o me confundo de persona?¬¬

    Oiga, tengo un severo problema de conexión, no he podido entrar al msn en días... bueno, solo dos días, pero ya es mucho. De todas formas ahí le va mi señal de humo: pufff...!!

  3. Wow... yo inicié con el mundo de los celulares desde que tengo memoria. Pf... vaya generación Google... hablando de celulares buaa apenas logré que me cambiarán el cacharro que tenía por celular y pierdo el que mi mamá me había prestado (un hermoso iPhone), y luego mi castigo fue lo peor xD, no tendré mi Blackberry.

    Adiós comunicación D:

    Generación Google, fuera, paz :D
    Atte.
    Alchemist

  4. Snif! yo llevo cuatro celulares en mi corta vida y es que tengo la mala costumbre de no perderlos ni descomponerlos y me duran hasta que de plano dejo que me los roben o los tiro desde arriba para que se descompongan pero con tan mala suerte que no se descomponen, snif.

  5. Novak says:

    Puras patrañas contigo Daniel, ¿cómo te atreves a comparar un iPhone con un Nokia? Eso merece castigo divino por semejante aberración. Lo que sucede es que tus necesidad tecnológicas no te demandan tener un smartphone, es todo.

    Créeme, un iPhone lo es todo.

    Por cierto, tu problema no eran los celulares, lo que debiste cambiar fue el tipo de pantalones bombachos que usabas :P

  6. Danielov says:

    Khristi: Pues no han sido muchos-muchos, contando además el poco tiempo que me han durado la mayoría de ellos. Sí hay Nokias con mala recepción, pero son los menos.

    Pith Zahot: ¿Y eso qué? Esas polveras nomás ocupan espacio y ancho de banda.

    Ghost Alchemist: Lo siento, es el precio a pagar cuando las cosas no nos cuestan, jejeje.

    Malquerida: Pues eso es bueno; a mí me gustaría que mis celulares me duraran hasta lo último.

    Novak: Yo no puse en duda todas las funciones de un iPhone, sino su durabilidad. Deja caer uno desde lo alto de tu librero a ver si de veras es tan chicles.

  7. Maestro Efectivo says:

    Y yo fui testigo de los pesares de Daniel por la pérdida de sus celulares. Lo bueno es que el pinche Murphy ya lo dejó tranquilo, al menos en el asunto de los celulares.

    Que alguien tenga dos años con un teléfono es una cosa rara estos dias.

    ¡Felicidades!

  8. Anónimo says:

    Amigooo mi primer celular fue un nokia 3320 y me duro como 3 años y no chingue los iphone son una chingoneria, metase a youtube y busque videos de gente tirando sus iphones desde azoteas