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Historia de un amor III

(NOTA: para entender lo que sigue, remitirse a esta entrada, y a esta otra).

Como dirían los Patita de Perro: "'asegún' yo antes pensaba ser artista de la tele/ y aunque medio a fresa huele/ fama y dinero buscaba...". No sé que tenga que ver con lo que hemos estado platicando en esta serie de entradas, pero me gustó como introducción.

Según nos quedamos en nuestro capítulo anterior, aquella linda morenita estaba devastada por la nefastez de un fulanete. No me erigí en un salvador, pero al menos intentaba distraerla de su infortunio. Como, a la vez, ya habíamos terminado nuestros estudios (ella, la preparatoria; yo, la licenciatura) y nos urgía insertarnos en el mundo laboral, nos íbamos juntos a buscar trabajo por las calles de la gran ciudad. A veces era más el vacile que la verdadera búsqueda, porque se nos iba en plática y plática, y risa y risa.

Para esto, ya ni les había comentado que, antes de esto, aunque no nos veíamos con frecuencia, la invité a ella y a una de sus amigas a mi fiesta de graduación de la carrera. La finalidad fue meramente pragmática; ella y su amiga me caían muy bien, y como no quería meterme en broncas con el resto de mis amistades (ay por qué no me invitaste, ay qué gacho eres, ay si yo te conozco "dendenantes", ay las hilachas), invité a ambas, de fuera de la ciudad, para ser neutral para con quienes vivían aquí.

Un factor para nuestra mayor cercanía se dio en ese evento, en lo que mi mamá tiene a bien llamar "ahí te compraron con un regalo, y te vendiste barato" (esas mamás tan jocosas). En el contexto de la celebración, ela me entregó una cajota con mi regalo. ¡Una chamarra de cuero! ¡DE CUERO! ¿Quién regala así nomás una chamarra de cuero NUEVECITA? No vi esto con ojos de interés, pero definitivamente me impactó. o_O

Es algo así, pero con un par de franjas crema en la manga izquierda.

Enfundado yo en esa chamarra, más de una vez nos fuimos a buscar chamba. Y platicábamos y platicábamos, mientras llovía y llovía (como ahora, justamente). Y como ni ella ni yo inicialmente nos veíamos en plan de pretendiente/ pretendido, nos conocimos como éramos, sin imposturas ni simulaciones, ni fingiendo ser quienes no éramos. Supongo que eso fue decisivo posteriormente, pues no tuvimos el problema de "así no eras cuando te conocí". Ya saben, esas desilusiones que se encaran cuando finalmente, al establecer una relación, llega el momento de dejar de actuar.

Así, nos enteramos de quiénes habían sido nuestros anteriores intereses románticos, quiénes los prentendientes (de ella, sobre todo; recuerden que yo siempre he sido un ñoñazo forever alone, sin atractivo alguno para el promedio de la humanidad), entre otros detalles que nos permitieron ver de una pieza al otro, sin artificios ni pirotecnias.

A estas alturas, su tío político (muy querido por ella) fue diagnosticado con cáncer. Su búsqueda de empleo se redujo, pues empezó a ayudarle a su tía a cuidarlo en casa, pues el mal fue afectando de forma muy rápida y violenta. También ahí procuré ser un apoyo, en medio de un trance tan difícil.

Para esto, ella ya comenzaba a llamarme la atención, pero gracias a mis eternos complejos, dudaba de hacerle saber lo que sentía. Y más, porque para entonces me platicaba de un chico que le encantaba su voz, y cómo leía en público; un conocido de ambos. A la vez, en otras ocasiones me decía que le gustaba un muchacho, sin mayores detalles. Yo, en mi mente febril, pensaba que se refería en ambos casos a la misma persona.

Ella recuerda mucho una ocasión en que le llamé por teléfono, y no contestaba. Entonces, fui en bicicleta a su casa, en medio de la lluvia; no la encontré. Fui a buscarla a otro punto en la colonia donde pensé que la iba a encontrar... y tampoco. Regresé a su casa a ver si había llegado: vacía. Incluso llamé a su papá en el rancho, para ver si tal vez había ido a visitarlo; tampoco... y solamente preocupé en balde al pobre viejito. Cuando al fin, entre vueltas y vueltas, hecho una sopa, pude encontrarla de vuelta, no tuve mejor pretexto que decirle: "es que vine a regresarle a tu tío el CD de Windows XP que me prestó. Dile que muchas gracias". Eso la destanteó. ¿Quién se moja por gusto y se toma tantas molestias para regresar software prestado?

De tal suerte, al paso de las semanas, la gente ya nos relacionaba juntos, y no concebían al uno sin el otro (ni al otro sin el uno). Más de una vez nos preguntaron si éramos ya novios, y siempre contestábamos que no, que nomás éramos cuates... hasta que estalló la bomba.

Un día, luego de que nos volvieran a preguntar lo mismo unas cuantas veces, llegamos a casa de sus tíos y les platicamos. Su tía, ni tarda ni perezosa me espetó: "Pues cualquiera pensaría lo mismo, al verlos siempre tan juntos. De hecho, ya va siendo tiempo de que definan qué son; si amigos, novios, amigovios o qué. Porque si no tienes ningún interés en ella, nada más me la vas a mosquear, y al rato ni uno ni otro van a poder hacer su vida en paz. Así que de una vez, se me van a la cochera y arreglan su situación".

Salimos a la cochera. Nos veíamos. Pasábamos saliva. "¿Cómo ves?", nos preguntábamos. Y yo, con mi batea de babas: "Pues... es que yo te quiero mucho... pero sé que a ti te gusta alguien más. Ya me lo has platicado, y ni me dices quién es", dije, con la cabeza baja.

"Ay, Danielov. ¿Pues con quién estoy todo el día, casi todos los días? ¿Con quién más platico de todo y le confío todo? ¿Quién más me podría gustar?"

Alcé la mirada, y mi rostro se iluminó. "Aaah, ¿de veras? Es que... a mí también me gustas. Mucho. Y te quiero...."

Continuará...

Veintiúnico comentario.

  1. SOOKY TAZ says:

    Y como va la historia?...